Qué suerte...hoy no tengo deberes!


Ismael sale de su trabajo, es carpintero, su jefe ha pensado que algunas cosas que no ha terminado durante su jornada las lleve a casa, quedó por lijar una silla y montar una mesita de noche, así, dijo, “adelantarás las tareas que de otra forma se te irían acumulando”.

Marta ha salido de la oficina agotada, es administrativa en una gran empresa, pero está contenta, al fin comienza sus tan ansiadas vacaciones de verano, con lo que no contaba era con la genial idea que a su jefe se le ha ocurrido “Mira Marta, para que no pierdas el ritmo de trabajo y mantengas los hábitos que hasta ahora has adquirido, es fundamental que todos los días dediques un tiempo a hacer unas pequeñas tareas que te encomiendo, te sugiero además que te vendría muy bien que alguien te de unas clases de cálculo durante este tiempo, te serán muy útiles cuando te reincorpores después de las vacaciones”

Fernando es ayudante de cocina y como hoy la bechamel le ha quedado un poco líquida, su jefa tenido una brillante idea “lo mejor es que para mañana traigas hechas 30 bechameles en su punto”. Vaya tarde-noche que le dio a su reciente novia.

Jose acaba de comenzar a trabajar en un almacén de frutas, sus jefes le han recomendado lo siguiente “mira Jose, ya que a medida que pase el tiempo las exigencias laborales serán mayores, para que te acostumbres a ello, es esencial que todos los días, fuera del horario laboral, pujes y transportes 80 cajas bien llenas de fruta de tu casa al garaje, así al año que viene tendrás este buen hábito y te costará menos hacerlo “

Me sirvo de estas historias para introducir el tema de los deberes escolares.

Para muchos padres y educadores los deberes escolares para casa son considerados como un recurso pedagógico que permite afianzar los conocimientos adquiridos en clase, además de acostumbrar a los niños a tener un hábito de estudio y a ser responsables en sus tareas escolares.

Sin embargo, y en no pocas ocasiones los deberes escolares se convierten en un “sacrificio familiar”, en un trabajo que agobia a las familias por el tiempo y el esfuerzo que suponen, ya que normalmente dichos deberes no responden a las necesidades ni a los intereses de los niños o adolescentes, puesto que suelen ser tareas rutinarias, poco creativas o monótonas, muy extensas, de forma que no dejan tiempo libre para realizar otro tipo de tareas no académicas, que no por ello menos importantes.

En ocasiones, sobre todo a ciertos niveles, los padres no estamos preparados para ayudarles y los niños (ya casi adolescentes) no son capaces de hacerlo solos, por lo que tenemos que recurrir a las clases particulares (que cada vez son menos particulares). Es curioso que para que nuestros hijos e hijas puedan ir a clase a aprender, previa o posteriormente tengan que ir a aprender a otro lugar.

Otra de las ventajas nombradas a favor de los deberes escolares es que permite que algunos niños terminen los ejercicios que no han terminado en el aula, normalmente, porque no los han entendido. Yo pienso que es lógico deducir que si los chicos o chicas traen a casa los ejercicios que no han sido capaces de hacer en clase, difícilmente alguien de casa va a explicárselos mejor que el propio maestr@

Añadiendo más ventajas a las tareas para casa, se afirma que es una manera de conseguir que los padres participen en el quehacer educativo y además la relación padre hijo con respecto a los temas escolares motiva a estos últimos y mejora el vínculo existente entre ellos. No dudo que el primer objetivo se consigue, es más se sobrepasa, puesto que algunos de los padres (especialmente madres) participan de tal modo en la labor educativa que podrían examinarse y conseguir, sin duda, mejores resultados que sus hijos, no tan implicados en la labor educativa. En cuanto a que mejoran las relaciones paterno-filiales, supongo que así es, en casos excepcionales, de los cuales todavía no tengo conocimiento.

Un destacado profesor peruano, Mavilo Calero decía al referirse a este tema:”La calidad educativa de un colegio no se demuestra por la cantidad de tareas escolares para casa”. Aún así, a algunos padres les cuesta creerlo y piensan que los niños no deben finalizar su jornada escolar al salir del “cole” y que tienen que seguir trabajando al llegar a casa.

Como puede deducirse de mi exposición, no estoy de acuerdo con que se manden deberes para casa y el argumento principal de mi postura es que dichas tareas crean diferencias entre los niños en función de las familias que pueden ayudar y controlar los deberes escolares y las que no pueden hacerlo.

En último extremo y teniendo en cuenta que la tendencia actual es la de incluir dichos deberes, éstos deberían de cumplir algunos requisitos como:

  • Considerar las diferencias individuales entre los alumnos a la hora de confeccionar las tareas.

  • Conseguir que los deberes sean creativos y originales.

  • Graduarlos en extensión y dificultad para que el tiempo y el esfuerzo dedicados sean proporcionados.

  • Que los profesores motiven a los niños a hacerlos con agrado y no como una carga u obligación por el mero hecho de que hagan “algo” en su tiempo libre.

  • Que posteriormente sean revisados y corregidos para que aumente su interés en sucesivas tareas.

No quiero decir con todo esto que los padres no tengamos que tener ninguna responsabilidad sobre los temas escolares de nuestros hijos e hijas, ni que no podamos o debamos hacer todo aquello que les estimule a aprender, pero entiendo que si los padres delegamos gran parte de esta tarea a los Centros escolares es porque en ellos es donde están los profesionales mejor preparados y porque confiamos en su capacidad y deseo de enseñar y Educar. Nuestra labor como padres es interesarnos por la vida escolar de nuestros hijos comentando las tareas de su agenda escolar, ayudándoles a planificarse y estimulándoles en su aprendizaje, además de otras tareas que incluyen ayudarles a crecer como personas, enseñarles a establecer vínculos afectivos y relaciones sociales, prepararles para asumir una vida responsable y autónoma, acompañarlos emocionalmente, escucharlos, inculcarles el respeto y la libertad como principios fundamentales, darles a conocer el significado de valores como la paz, la dignidad, la justicia, el amor, la integridad…

Es indudable que como padres tenemos un papel fundamental en el desarrollo y crecimiento de nuestros hijos; tenemos un gran cometido y muchos deberes; y necesitamos tiempo, es por eso que no podemos emplearlo todo en hacer “los otros deberes”.


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